Fabián Muniz


1.¿Cuándo descubriste que querías hacer lo que haces ahora? ¿Cómo fue?

 

De chico quería ser caricaturista, no escritor ni mucho menos profesor. Dibujaba bastante bien para mi edad, y me había inventado un canal en donde televisarían todos mis dibujos animados. Lo llamé “carimanía”. Creo que desde ese acontecimiento, no he dejado de crear: eso sí, cambié los dibujos por los cuentos y los poemas. Pero la creación artística, la necesidad de expresar cosas en un registro especial, o también conocido como artístico, la tuve desde siempre.

 

 

2.¿Te inspiras o te inspiraste en alguien o en algo alguna vez para crear? ¿En quién?

 

Como todo joven que le gusta la literatura, y sobre todo, como todo joven tímido que cree para sus adentro que no tiene nada valioso para decir, comencé imitando los sonetos de Borges y los cuentos de Quiroga. Esos estilos, barroco y efectista respectivamente, me daban fuerzas para mostrar algo que, creía yo, por sus propios medios no valía mucho.

Luego, uno encuentra (o cree encontrar) su voz poética o narrativa, y lo que tiene para decir, y el modo en que lo dice, comienzan a tener valor. Sin embargo, la etapa inicial, la del “plagio tímido”, vale la pena transitarla y es casi obligatoria para poder buscar una voz propia como escritor.

No obstante, uno siempre tiene sus ídolos literarios: en narrativa, nuestro gran Mario Levrero o Felisberto Hernández son buenos exponentes. En poesía me motivan el uruguayo Álvaro Figueredo, el argentino Roberto Juarroz o el chileno Gonzalo Millán.

 

 

3.¿Cuál es tu lugar favorito para trabajar? ¿Por qué?

 

No tengo un lugar favorito. Lo que necesito para escribir es silencio y algo para registrar: papel y lápiz o lapicera, máquina, computadora, papel higiénico o de cocina, es decir, cualquier cosa con tal de no dejar morir una buena idea literaria.

 

 

4.Muchos medios de comunicación nos muestran que el mundo anda muy mal… ¿Qué papel crees que juegan el Arte y la Literatura en el intento de crear un mundo mejor?

 

Los medios de comunicación masivos, hoy en día, cumplen una función importantísima que no saben (y, de seguro, no les conviene) llevar a cabo: ellos deberían informar a la gente. El hecho es que organizan y entregan la información según intereses económicos, de tal forma que no se genera un verdadero debate ni un genuino espacio de reflexión de los problemas de nuestra sociedad. En la literatura (y en el arte en general) tenemos la posibilidad de cuestionar y repensar todos esos problemas.

¿Por qué digo que los medios de comunicación administran información según intereses? Porque el sistema no quiere gente que piense, gente que pueda salirse de los parámetros de lo impuesto. En el cuento “El peatón” de Ray Bradbury, hay un escritor que suele pasearse en las noches por las solitarias calles de su ciudad, justo a la hora en que todos están pegados a sus televisores con el programa de moda. Una noche lo detiene la policía, le hace un cuestionario y al recibir respuestas dignas de un ser pensante, la policía se atemoriza de lo que pueda estar tramando y se lo llevan preso. Esta historia parece una mera ficción, pero hay que tener cuidado con que no llegue a suceder algún día en la realidad.

 

 

5.Resume en una lista los motivos por los que quieres/necesitas ser un creador.

 

1- Porque entro en contacto con historias, leyendas y anécdotas muy valiosas que, si no son escritas, se pierden en la intrascendencia de los relatos orales de un cumpleaños o una reunión.

2- Porque me siento feliz.

3- Porque es muy divertido.

 

 

6.Define en breves palabras qué papel juega el lector o espectador durante tu proceso de creación.

 

Uno siempre escribe pensando en un lector, aunque sea un “lector modelo”. Si escribo una historia policial, estoy acotando el campo de lectura a los lectores que frecuenten este tipo de lecturas. Sin embargo, creo que un cuento o un poema bien escrito puede captar lectores que, en un primer momento, no estaban contemplados por el escritor como posibles consumidores de esa literatura. Eso en cuanto al proceso de creación. Pero el papel del lector/espectador en la literatura en general es primordial: si no hay alguien al otro lado, a quien se le vaya a comunicar algo, y quien debe culminar de darle significado a una obra (que de por sí siempre resulta incompleta), la literatura sería imposible.

 

 

7.Recomiéndanos algunos libros que te hayan gustado en la adolescencia, o que creas que nos puedan gustar.

 

Una novela interesante y divertida es “El palacio de la luna” de Paul Auster. Es sobre un chico que queda solo tras la muerte de su tío, su único familiar vivo. Entonces el chico tiene que rebuscárselas para vivir, conoce el mundo, se enamora y descubre cosas fascinantes. Un buen libro de cuentos es “No vi la luna”, del escritor minuano Leonardo de León. Allí hay cuentos de todo tipo, pero sobre todo con temas típicos de la adolescencia y la juventud. Un libro de poesía, “Poesía vertical” de Roberto Juarroz.

 

 

8.Elige alguna de tus obras para que la podamos leer/observar y cuéntanos por qué nos la recomiendas especialmente. (Esta es la obra que puedes enviarnos como "archivo u objeto adjunto").

 

Voy a enviar un cuento que se llama “Rutina”. No lo he publicado todavía, pero me interesa compartirlo porque pertenece a lo que algunos denominan “literatura fantástica”, ese subgénero de la narrativa en el cual entran casi todos los relatos que ven el mundo con los ojos torcidos.

 

 

9.¿Qué consejo podrías darle a los adolescentes de nuestra edad?

 

Que quieran y ejerciten el gusto por la lectura y la escritura, que los libros son amigos en silencio, esperando que alguien les dé una oportunidad para que cuenten sus historias.

 

 

10.¿Qué podrías recomendarle a un joven que quiera ser un artista?

 

Puedo dar tres consejos a alguien que quiera ser escritor. UNO: Leer mucho, DOS: escribir mucho, TRES: mirar y analizar a las personas y a las cosas que nos rodean siempre con ojos torcidos. Que para mirar con ojos derechitos ya hay muchos.

 


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Rutina
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