Juan Manuel Candal

Juan Manuel Candal (Buenos Aires, 1976) se licenció como director/ guionista de cine. Publicó los volúmenes de cuentos Yo robé tu nombre (2009), Siempre tendremos Venezuela (2011) e Intimidad para el ojo iniciado (2013), además de la novelas Mundo Porno (Interzona, 2012), y Boutade (Pánico el pánico, 2013) y el libro de ensayos Rosas para Stalin + el magnífico legado de Curtis LeMay (2013). Colabora en varios medios periodísticos como crítico y ha publicado cuentos en diversas antologías y revistas especializadas. Ha sido traducido al esloveno. 


1) ¿Cuándo descubriste que querías hacer lo que haces ahora? ¿Cómo fue?

 

Recuerdo escribir desde chico; por épocas. Tenía unos anotadores y recetarios que me regalaba mi abuelo y los llenaba de cuentos que iban por el lado de la fantasía, el terror y una suerte de metafísica infantil. Al terminar cada bloc, le hacía una tapa, toda ilustrada a mano, con mucha dedicación. Luego, al año, los releía y me parecían espantosos y los tiraba a la basura. Estaban escritos a manos, de manera muy prolija y con mucha dedicación. Es una lástima que tuviera una actitud tan crítica ya desde entonces.

 

2) ¿Te inspiras o te inspiraste en alguien o en algo alguna vez para crear? ¿En quién?

 

Esto tiene su gracia. Cuando me propuse escribir mi primera novela, con treinta años recién cumplidos, no estaba seguro de ser capaz de hacerlo. Había escrito cuentos y artículos, e incluso poemas y guiones cinematográficos, pero todos los escritores que conocía o que leía habían terminado una novela mucho antes de los 30. Justo por esos días vi una foto de Saramago en un suplemento literario, y recordé que él casi no había publicado hasta los 40 años, ya que antes de eso, según sus palabras, “no tenía nada que decir”. En ese momento, arranqué la página y la puse en mi escritorio, a un costado. Era una forma de alentarme a mí mismo, de tener una referencia de un tipo que había llegado evidentemente tarde, como yo. No sé bien por qué, pero en mi cabeza, si bien escribía desde antes, es el proceso de pasar por esa primera novela lo que se asemeja más a una especie de “graduación”.

 

3) ¿Cuál es tu lugar favorito para trabajar? ¿Por qué?

 

Necesito mi PC de escritorio, mi escritorio, y un cuaderno liso de tapas negras que siempre llevo conmigo. Nada más. No me gusta escribir a mano, salvo para tomar notas, y me gusta el caos casi de diseño que siempre adopta la mesa en la que está la máquina. Necesito mi cuaderno negro para los apuntes y esquemas, y la PC, entre otras cosas, por un programa que uso para acumular referencias de investigaciones muy diversas (por dar ejemplos del 2013: criptografía, zares rusos, Dianética, la megalania, Fulcanelli, yottabytes, música en 432 hz, limerencia, la mansión Winchester, el coordinador Azimuth). Hay algo del orden de lo obsesivo que hace que me sienta cómodo para escribir si tengo todos estos elementos a mano. El lugar que me rodee, sea un living, una habitación, o incluso un depósito, no hace una diferencia tan importante.

 

4) Muchos medios de comunicación nos muestran que el mundo anda muy mal… ¿Qué papel crees que juegan el Arte y la Literatura en el intento de crear un mundo mejor?

No creo que la Literatura o el Arte creen un mundo mejor en un nivel práctico. Escribir un libro sobre el hambre en un país pobre logra, como mucho, cierta empatía del lector mientras transcurre la narración, luego éste cierra el libro y su mente pasa a otra instancia. Por otro lado, el arte, la música, la literatura, son formas de conjurar belleza, percepciones, sensaciones e ideas, por lo que, más que un mundo mejor, lo que eventualmente se puede crear es algo así como un nodo en el universo de las ideas, donde autor y lector se detengan ante la misma anomalía, y un hallazgo pueda llegar a suceder.

 

5) Resume en una lista los motivos por los que quieres/necesitas ser un creador.

En el caso de la literatura, recuerdo divertirme jugando con las palabras y los enredos de la gramática desde siempre, así como vivir buena parte de mi tiempo en las ramificaciones que la imaginación me proponía por sobre aquello que era real, cotidiano y sensato. Por lo tanto, no puedo decir que quiera o necesite escribir, en todo caso, es un proceso que precede mi idea de lo se quiere o se necesita. También sería interesante pensar si uno no hace algo justamente porque puede prescindir de eso: podría no escribir, pero hay una adrenalina y una sensación del descubrimiento y la epifanía que propulsan la gesta. Quizás necesito escribir porque justamente podría no escribir. Dicho de otra forma, los estímulos son los mismos en la escritura que durante el pensamiento literario y filosófico, sólo que no queda constancia en la página.

 

6) Define en breves palabras qué papel juega el lector o espectador durante tu proceso de creación.

Un papel cada vez más importante. Cuando escribí mi primera novela, el desafío era básicamente lograrlo, consolidar una serie de ideas y obsesiones narrativas, no necesitaba más que eso. A medida que uno empieza a tener lectores, se abre otro partido, porque empiezan a jugar las interpretaciones, lecturas, y todo lo que moviliza en otro lo que uno escribe. No pienso en un lector particular, aunque muchas veces tengo presente a colegas o gente cuyas ideas literarias me son afines. Pero sobre todo, lo que se volvió particularmente relevante es la necesidad de buscar un lector activo, de medirlo, de tratar de saltearme los caminos más convencionales y, eventualmente, ver si se puede encontrar otra potencia de comunicación.

 

7) Recomiéndanos algunos libros que te hayan gustado en la adolescencia, o que creas que nos puedan gustar.

Yo fui desordenado para leer en mi adolescencia. Recuerdo que me gustó Cortázar, pero por entonces me gustaba más el de cuentos como “Casa tomada” o “Continuidad de los parques” (hoy en día prefiero cuentos como “El perseguidor”). Así que Bestiario sería un buen ejemplo. También a los catorce años me topé con Crónica de una muerte anunciada, de García Márquez y en ese momento, la sensación de urgencia y fatalidad de la novela me impactó. Como casi todo el mundo, yo leía lo que encontraba en casa. A los catorce también recuerdo empezar a pedir que compraran algunos libros en casa, y a los quince empecé a comprármelos con mi plata, y los primeros fueron de Stephen King. Creo que la saga de La Torre Oscura es un buen lugar para transitar a esa edad, así como algunas de sus novelas clásicas.

 

8) Elige alguna de tus obras para que la podamos leer/observar y cuéntanos por qué nos la recomiendas especialmente. (Esta es la obra que puedes enviarnos como "archivo u objeto adjunto").

Envío un cuento que se publicó hace un año, más o menos, y al que le tengo particular aprecio. Sé que no es para todos los gustos, pero encierra una serie de decisiones estéticas que no sé si sean logradas, pero son evidentemente formativas en mi caso. Es un cuento con varios finales, parece que termina y es una ruptura y continúa.

http://www.yateconte.com/2013/03/detente-talento.html

 

9) ¿Qué consejo podrías darle a los adolescentes de nuestra edad?

No tengas miedo al ridículo. No tengas miedo de opinar diferente, ni tengas miedo de errar, porque a base de errores también se forja una identidad. Movete por lo que te interesa, hay algo en el mundo que seguramente nadie más ha percibido del modo en que lo percibiste vos.

 

10) ¿Qué podrías recomendarle a un joven que quiera ser un artista?

Voy a caer en la obviedad, pero: si querés escribir, más importante que escribir es leer. Leé mucho, leé de todo, porque esa va a ser tu formación, más que cualquier academia. Borges no cursó letras, Cortázar tampoco. La mayoría de los grandes escritores argentinos no salieron de la academia. Y mantené tu curiosidad siempre viva, siempre alerta. Leés un libro que te impacta, entonces buscá qué más escribió el autor, qué se dice de su obra, investígalo, fíjate qué otros autores tienen algo en común. Explorá géneros y subgéneros, y por qué algunos se destacan por romper con eso. Investigá movimientos históricos. Mantenete siempre receptivo, todo puede ser un disparador.