Paula Simonetti


1. ¿Cuándo descubriste que querías hacer lo que haces ahora? ¿Cómo fue?

 

Escribo desde muy chica, no me acuerdo exactamente la edad, pero aun conservo algunos textos en prosa que mi padre me arrimó hace poco. Tendría 8 años. Me acuerdo de estar enferma cuando niña y que mi viejo me acercara hojas y me dijera “escribí algo”. El comienzo de la poesía lo vinculé para siempre a una tarde, a mis 11 o 12 años. Vivía en un apartamento cerca del Zoológico, con una gran ventana. Estaba atardeciendo y yo miraba por esa ventana y en un momento me pareció que veía inmensa la imagen de mi abuelo Edén (que había muerto cuando yo tenía 6 años, y cuya foto conservo en mi mesa de luz), miré un rato y le pedí plata a mi madre. Fui a una papelería y me compré una cuadernola. Llené todas las hojas con un poema, absolutamente poseída. Ahora me acuerdo de algún verso y por supuesto era muy malo, pero ese primer libro de la infancia, perdido y mágico, con mi abuelo desde algún lugar observando el rito, es algo de lo que no me olvido. Desde ahí no he dejado de escribir poesía.

 

 

2. ¿Te inspiras o te inspiraste en alguien o en algo alguna vez para crear? ¿En quién?

 

Yo creo que la inspiración en la literatura viene desde adentro, desde la propia literatura, que no deja de ser una cierta visión de las cosas. Una mirada. De adolescente hubo dos autores que conocí en el liceo a través de profesoras de literatura que siempre fueron referentes para mí, y que me marcaron mucho: Rulfo y Vallejo. Esos tipos quebraron algo adentro. En tercero de liceo tuve que preparar una exposición del cuento “No oyes ladrar los perros” y me preguntaba qué iba hacer, llegaba al final con un hilo de voz, ahogada por la emoción. Alrededor de los 14 empecé a leer a Onetti, en una biblioteca pública de Paysandú. Esos referentes que empiezan en la adolescencia no se olvidan. Después vinieron otros, Faulkner, Celine, Woolf, Muñoz Molina, Camus. Juarroz, Porchia. Camus, Vallejo, Rulfo, Porchia además, me hicieron ver la miseria y las situaciones límites de otra forma. Pero no solo viene “inspiración” (una palabra un poco complicada) de la literatura en su sentido más estricto, la literatura está en muchas cosas. Hoy en día, con un trasfondo de lecturas que siempre es poco, voy tomando cosas de mi cotidianeidad, de mi laburo incluso, de mis amores, de las calles que recorro, inclusive de los objetos más concretos de mi casa, y miro desde la poesía.

 

 

3. ¿Cuál es tu lugar favorito para trabajar? ¿Por qué?

 

Mi casa. No importa cuál sea (he vivido en muchos lugares), en un escritorio, generalmente a la nochecita, con cigarrillos, café y libros cerca. No sé bien por qué. Jamás pude escribir fuera de casa (de alguna casa).

 

 

4. Muchos medios de comunicación nos muestran que el mundo anda muy mal… ¿Qué papel crees que juegan el Arte y la Literatura en el intento de crear un mundo mejor?

 

El mundo fue y será una porquería…. Yo no sé si el arte puede ayudar en algo. Incluso quizá su mayor potencial esté en que no es útil. En el sentido de que no sirve para nada en particular. Y capaz que ahí está ese poder, paradójicamente. Yo trabajo con personas en situaciones jodidas (de calle, hospitalizados, locos, etc) y por momentos creo o quiero creer que el arte y la literatura lo que hacen es crear mundos, crear posibles, la poesía se ocupa de la realidad, decía Juarroz. Creo que si nos desviamos de lo utilitario, de lo que nos oprime, y si practicamos una cierta gimnasia de la imaginación, estamos más preparados para ver eso que oprime desde otro lugar. Ahí sí creo que hay un papel del arte que es válido. Recientemente he estado leyendo a Michele Petit, que investiga el papel de la literatura en situaciones de crisis, se las recomiendo. Ella ha guiado algunos móviles de mi trabajo y de mi manera de pensar todo el asunto, que es muy complejo.

 

 

5. Resume en una lista los motivos por los que quieres/necesitas ser un creador.

 

Escribir forma parte de mi rutina y de lo que soy, no me imagino a mí misma en otro lado, lejos de la literatura. Ya es eso, una cierta mirada hacia las cosas, de la que no me puedo despegar, creo, ni aunque quisiera.

 

 

6. Define en breves palabras qué papel juega el lector o espectador durante tu proceso de creación.

 

Siempre me gustó mucho una frase de Joyce que retoma Onetti en alguna entrevista. Y es algo así como “yo me siento en un lado de la mesa, y le escribo cartas a un señor que está del otro lado, que se llama James Joyce”. Esto es cierto en algún sentido, no puedo negar sin embargo que cuando tengo alguien muy cercano, alguien que quiero mucho, que me sigue de cerca en algún momento creativo, me acompaña y me lee, eso juega un papel en mi escritura, es como un empuje nuevo.

 

 

7. Recomiéndanos algunos libros que te hayan gustado en la adolescencia, o que creas que nos puedan gustar.

 

Vuelvo a lo anterior: Vallejo, Rulfo.

 

 

8. Elige alguna de tus obras para que la podamos leer/observar y cuéntanos por qué nos la recomiendas especialmente. (Esta es la obra que puedes enviarnos como "archivo u objeto adjunto").

 

Les mando un par de poemas en los que ando recientemente, el eje es un refugio donde estoy trabajando como educadora. Tengo 22 años y todavía me asombro de algunas cosas. Lo elijo porque habla mucho de mí y de mi concepción de la literatura en estos momentos, y porque aunque hay mucha tristeza, ahí también hay mucha vida.

 

 

9. ¿Qué consejo podrías darle a los adolescentes de nuestra edad?

 

Absolutamente ninguno. Cuando estaba en 5to de liceo tenía una profesora de literatura espectacular. Iba de tarde y el grupo era un desastre. El primer día que llegó por poco no la matamos con una cartuchera que alguno de los “vivos del fondo” tiró hacia el ventilador y salió disparada muy cerca del pizarrón. Dábamos La Ilíada, La Divina Comedia, Shakespeare. A la segunda clase un silencio de cementerio. La mujer (una viejita petisa) nos transmitió una pasión por lo que decía, que disfrutábamos esas horas como lo mejor de nuestros días. A mí la literatura ya me gustaba mucho, pero a la mayor parte de mis compañeros no. Cuestión que toda la clase estaba enganchadísima, ese es el enganche que provoca una pasión que traspasa un montón de cosas. Esta mujer un día nos contó que había estado presa en la dictadura, que se había perdido los mejores años de su hijo recién nacido. Hablábamos de los indiferentes de Dante. Y con los ojos llenos de lágrimas nos dijo “chiquilines, sean felices, eso es lo único que realmente importa”. Si yo diera un consejo así, suena al cliché más grande que se ha oído, pero que lo dijera esa mujer, con esa pasión, con toda esa vida tan dura que pesaba en las palabras, fue uno de los consejos más conmovedores que he recibido. Eso me hace pensar en la literatura, en que no hay nada nuevo para decir (ni bajo el sol, ni sobre la página), pero que incluso algo tan gastado como un sean felices, dicho de una determinada manera, puede seguir retumbando en el pecho de alguien por años.

 

 

10. ¿Qué podrías recomendarle a un joven que quiera ser un artista?

 

Trabajo, trabajo y trabajo. Y vida. Los “grandes” escritores, para mí, son gente muy común, que ha vivido mucho, distintas cosas. Los escritores que tienen todo mi amor son tipos (o tipas) que tocan lo más común de la gente, del ser persona, de andar por la vida. Por eso no entiendo, nunca entendí, esas ruedas de poetas donde a cuál más iluminado, a cuál más grande, a cuál más lejos. Desde mi humildísimo lugar, ahí no hay nada; el tipo que escribe bien es el que toca una fibra que nos toca a todos, el que está muy cerca, muy abajo incluso. Ahí es donde pienso que las líneas de la literatura y de la vida más se tocan. Y sigo creyendo también que hay que leer mucho, muchísimo.

 

 


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En la boca de los tristes (selección)
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